“Mindfulness o lo que es lo mismo, aquí y ahora”

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Vaya por delante que yo soy muy fan del cerebro. Gracias a cómo fue evolucionando hemos sido capaces de sobrevivir como especie (a pesar de nosotrxs mismxs, pero eso es otra historia) Hay que recordar que es una estructura que se forjó para dar respuesta a un entorno muy hostil, en el que había que buscar comida constantemente, afrontar un clima adverso y protegerse de otros animales. Por todo esto está diseñado para planificar, prever y prestar atención a estímulos potencialmente peligrosos. Así que no le echemos la culpa de que se pase el día pensando, urdiendo, planificando, desconcentrándonos… El pobre hace aquello que nos ha sido útil durante miles de años. Perdonémosle y vamos a enseñarle que debido al desarrollo cultural, lo que necesitamos es que sea capaz de centrar la atención en el momento que estamos viviendo:

Porque el medio se ha vuelto menos peligroso y las tareas cotidianas suelen requerir más esfuerzo intelectual, por lo que necesitamos toda nuestra energía al servicio de las mismas.

Además, está demostrado científicamente, que las personas más felices tienen (entre otras) la capacidad de concentrarse más y mejor en el momento presente. Vivir aquí y ahora. Esto no quiere decir que no planifiquen, planeen o se preocupen. Claro que lo hacen. Pero no todo el tiempo. Cuando se encuentran inmersxs en una tarea, el 100% de su ser está en esa tarea, ya sea trabajar, comer o dar un paseo. Su mente y su cuerpo se encuentran en el mismo lugar y en el mismo tiempo. De esta forma sienten mucho menos estrés y son más eficaces.

Cuesta trabajo cambiar rutinas que nos han servido durante tanto tiempo… pero visto los beneficios…

¿A que merece la pena intentarlo?

Alma Montes (Psicóloga).

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“Hay remedio para un corazón roto”

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No es el mal de amores una dolencia moderna. Avicena (s. XI) en su Canon de Medicina sitúa el amor dentro de los trastornos mentales junto a la somnolencia, insomnio, hidrofobia y melancolía… Pero el afán reduccionista de los últimos siglos ha relegado al amor a temática de artistas, privándonos de un entendimiento intelectual del mismo. Por lo tanto nadie nos enseña a amar, ni mucho menos a dejar de amar.

Sólo tenemos a nuestra disposición canciones, poemas, obras literarias, películas, que en muchas ocasiones no son las más adecuadas como ejemplo de comportamiento tras un fracaso amoroso.

Desde mi punto de vista, lo primero que tenemos que entender es que debemos pasar un proceso de duelo. Hay que sentir tristeza, es lo natural. La tristeza es una emoción útil (como todas) Nos proporciona momentos de quietud en los que reorganizar nuestra vida y nuestros pensamientos. Hay que entender que todo el espacio (y el tiempo, y los pensamientos, y las emociones) que ocupaba el “ser amado” ahora está vacío… así que hay que llenarlo con otras ocupaciones. Esto nos lo permite la tristeza.

El problema aparece cuando la tristeza se alarga en el tiempo o forma parte de nuestra vida de tal manera, que nos impide realizar otras cosas, esto es, la tristeza patológica. Se produce por muchas causas. Algunas de ellas pueden ser: creencias erróneas sobre el amor, falta de autoestima, abandono de cosas importantes para uno mismo en favor de la pareja, altas expectativas, pérdida de redes sociales…

Yo soy de la opinión que nos deberían enseñar a amar (y de paso a desamar) como parte de la vida que es, que no nos pillara de forma imprevista. Porque las emociones no son menos importantes por el hecho de que no sepamos científicamente a qué se deben. Porque forman parte de nuestra cotidianidad mucho más que las integrales, la clasificación de las nubes, y las características de la generación del ’27 y eso, eso sí nos lo enseñan.

Alma Montes. Psicóloga.

“La tabla de surf. Herramientas para surfear por la vida”

“La tabla de surf” es el espacio donde os comparto opiniones personales o de otrxs compañerxs, curiosidades y artículos sobre el apasionante mundo de la psicología.

 

Las personas “hacemos bien lo que nos gusta y nos gusta porque lo hacemos bien”

(P. López de Ceballos).

No tengo una bola de cristal ni una varita mágica, ni tampoco la receta de la eterna felicidad, pero sí sé de técnicas y conocimientos sobre psicología que os pueden ayudar a afrontar la vida cotidiana de una forma más sana. Para vivir no es necesario sufrir.

Como dice Jon Kabat-Zinn: “no puedes parar las olas pero puedes aprender a surfearlas”.

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